En Argentina todavía no se venden más pañales de adultos que de bebés a nivel masivo general, pero la tendencia va marcada en esa misma dirección. Aunque el hecho de que los pañales de adultos superan a los infantiles es por ahora un fenómeno característico de países con un envejecimiento poblacional extremo como Japón, el mercado argentino está atravesando un reacomodamiento acelerado debido al desplome de la natalidad.

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En Argentina la caída de los nacimientos es histórica: de 2,1 hijos por mujer en 2017 a cerca de 1,4 en los últimos años. Se trata de uno de los descensos de natalidad más rápidos. El fenómeno se manifiesta en la venta de pañales para bebés que se redujo casi a la mitad en la última década. En varias provincias y comercios del rubro, reportan caídas sostenidas del orden del 40% en la demanda infantil.  

Al mismo tiempo, la mayor esperanza de vida y la cobertura de obras sociales han hecho que la demanda de pañales y ropa interior absorbente para adultos mayores se mantenga firme y crezca año a año.  

Por ello las grandes empresas de consumo masivo están reestructurando su negocio en el país. Compañías que históricamente dependían del segmento infantil están reforzando la fabricación e importación de productos de higiene e incontinencia para adultos. Esa diversificación del consumo, hace que marcas icónicas orientadas a la infancia están buscando expandir sus productos hacia adolescentes o adultos para compensar una base de niños cada vez más reducida. Aunque el punto de quiebre absoluto aún no se alcanzó a escala nacional, la brecha entre el mercado infantil y el de adultos se está cerrando a un ritmo que antes se proyectaba a décadas de distancia.

Los organismos internacionales desaconsejan el pánico demográfico o culpar a las decisiones individuales. Coinciden en que la caída de la natalidad es un resultado esperable del desarrollo, la educación y la anticoncepción, pero que se agrava por condicionantes económicos que frenan la proyección familiar. No se trata simplemente de una elección cultural, sino de una transformación económica y social profunda que requiere adaptar las instituciones.

El Fondo de Población de las ONU es la voz principal en el tema y sostiene una postura contundente: "La verdadera crisis de la fertilidad no es la falta de deseo, sino la falta de capacidad de elección".  Las encuestas globales del organismo muestran que en la mayoría de los países con muy baja natalidad, la gente desea tener en promedio dos hijos, pero encuentra barreras como la precarización laboral, el costo de la vivienda, el costo de crianza y la falta de corresponsabilidad en el cuidado.